Cuando se
trata de atribuirle al tiempo una dimensión que vaya más allá de la simple
sucesión de los días y las noches nos encontramos con ese fluir incesante de
las horas, de manera que el recuerdo de hechos y personas nos remite a la
cuantificación exacta de los momentos más importantes de su vida entre los
cuales se encuentra, por derecho casi divino, la fecha de nacimiento y muerte.
Pero la vida también nos ha demostrado que hay ritos humanos que nos confortan
de las pérdidas y recordar, nombrar y hasta imaginar a las personas que no
pueden andar más el camino con nosotros.
Por eso hoy pienso en Lorca así, con su solo y glorioso apellido que nos
hace sentirlo más cerca, porque ya hace tres cuartos de siglo que fue asesinado
en Granada, /su Granada/ y se le rinde homenaje en el parque
Víznar y Alfacar, al tiempo que se le reconoce como Hijo Predilecto de esa
provincia, tierra de leyendas, de gitanos y de poesía.
Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, Granada, un 5 de junio de
1898, y fue fusilado un día incierto entre el 17 y el 19 de agosto de 1936.
Aunque estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada y luego se
licenció en Derecho, su talento y profunda humanidad lo convirtieron en uno de
los poetas y dramaturgos más grandes de la lengua por sus valores formales, a
la vez que se le reconoce como un poeta del pueblo.
Por ser clásica, vamos al encuentro de su obra en algún momento de la vida
por deber: de niños, jóvenes o menos jóvenes. Ya después leerlo, ver sus obras
o escucharlo es elección, pasión o embrujo; o las tres cosas a la vez. El poeta
despierta emociones encontradas y turbulentas, a ritmo de cante jondo o de
baile flamenco, pero siempre trepidante, misterioso e inquietante. ¿Cómo es
posible ese desdoblamiento del verso que puede llegar a los niveles más tiernos
en el poema de los lagartos que lloran por su anillo perdido, cambiar al
erotismo de La casada infiel, trotar nómada con los gitanos de
su magistral romancero o urdir tramas como la de Doña Rosita la soltera
(o el lenguaje de las flores) o La casa de Bernarda Alba, sin
dudas su obra maestra para las tablas? Es un espíritu superior el de Federico,
poeta de la vida y la palabra.
Lorca se incluye en la llamada Generación del 27. Entre sus obras
sobresalientes están, además de las citadas, su Libro de poemas, Mariana
Pineda, Yerma, Poema del cante jondo y Romancero gitano.
Fue director de La Barraca, compañía de teatro universitario, que se
proponía llevar a los pueblos de Castilla el teatro clásico del Siglo de Oro.
De las artes no solo cultivó la poesía sino que se interesó por la música, el
dibujo y el teatro, logrando ser uno de los dramaturgos españoles más
importantes de su generación.
Un cielo grande y sin gente/ monta en su globo a los
pájaros, mientras desde una isla del
Caribe recordamos sus versos del romancero cuando canta la muerte de Antoñito
el Camborio, quizás una anticipación profética de la suya que avisoraba con su
alma de poeta, cuando escribió: […] Voces de muerte sonaron/cerca del
Guadalquivir […] Cuando las estrellas clavan/ rejones al agua gris,/ cuando los
erales sueñan/ verónicas de alhelí,/ voces de muerte sonaron/cerca del
Guadalquivir.